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martes, 2 de septiembre de 2014

La unidad en el matrimonio

 
Tertuliano es una de las grandes personalidades de la Iglesia antigua que vivió entre los siglos II y III en Cartago. Es el primer teólogo que escribe en latín y el primero –casualidad o no- que utiliza la palabra Trinidad para referirse a las tres personas en Dios, mostrando esa comunión de personas cuya imagen tenemos reflejada en el matrimonio.

Tal y como resaltaba Benedicto XVI en una de sus catequesis de los miércoles[1] "como todo buen apologista, experimenta al mismo tiempo la necesidad de comunicar positivamente la esencia del cristianismo". "Sus escritos son importantes, además, para comprender tendencias vivas en las comunidades cristianas sobre María santísima, sobre los sacramentos de la Eucaristía, del Matrimonio y de la Reconciliación, sobre el primado de Pedro, sobre la oración…" y “analiza también la conducta moral de los cristianos y la vida futura”.

No es fácil encontrar un teólogo que ya en los orígenes de la Iglesia hiciera hincapié en el tema de la vida tras la muerte. Como indicaba Benedicto XVI “tenemos la esperanza de que el futuro sea nuestro porque el futuro es de Dios. De este modo, la resurrección del Señor se presenta como el fundamento de nuestra resurrección futura, y representa el objeto principal de la confianza de los cristianos: «La carne resucitará --afirma categóricamente el africano--: toda la carne, precisamente la carne. Allí donde se encuentre, se encuentra en consigna ante Dios, en virtud del fidelísimo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo, que restituirá Dios al hombre y el hombre a Dios» («La resurrección del cuerpo», 63,1).


Y dentro de esa carne resucitada, se encuentra también la unidad de la carne del matrimonio, tal y como expresa Tertuliano en esta bella carta escrita en el año 202 dC:


Cuán bello, entonces, el matrimonio de dos cristianos,

dos que son uno en la esperanza, uno en el deseo,

uno en la forma de vivir que siguen, uno en la religión que practican.

Son como hermanos, ambos siervos del mismo Amo. Nada los divide,

ni en la carne ni en el Espíritu. Ellos son en realidad, dos en una carne;

y donde no hay sino una carne, tampoco hay sino un espíritu.

Oran juntos, adoran juntos, ayunan juntos, se enseñan el uno al otro,

se animan el uno al otro, se fortalecen el uno al otro.

Codo con codo afrontan las dificultades y las persecuciones,

comparten sus consolaciones. No tienen secretos el uno con el otro,

nunca rehúye el uno la compañía del otro; nunca el uno le trae pesar

al corazón del otro.… Salmos e himnos se cantan el uno al otro.

Oyendo y viendo esto, Cristo se goza. A los tales Él les da su paz.

Donde hay dos juntos, allí también está Él presente, y donde Él está, el mal no está.

 



[1] Benedicto XVI en la intervención durante la audiencia general del miércoles 30 de Mayo de 2007.

lunes, 5 de mayo de 2014

El ciento por uno


Del Evangelio de Mateo, el capítulo 19 es uno de los más referenciados. No porque contenga un episodio concreto de la vida de Jesús muy trascendental, si no porque son varios los hechos y muy significativos.
La pregunta del divorcio de los fariseos quizás es la más recurrida, sobre todo en la actualidad por todo lo que supone para el matrimonio; pero el "dejad que los niños se acerquen a mí" o el episodio con el joven rico, el camello y la aguja no se quedan muy atrás.

En esta ocasión, quería reflexionar sobre el "ciento por uno" que promete el Señor.

La frase es muy conocida y empleada, pero si bien normalmente el comentario de Jesús en el versículo 29 se ha tomado tradicionalmente como referencia inmediata de la elección del camino de la pobreza, el famoso "consejo evangélico", éste se ha relacionado directamente con aquellos que optan por la vida religiosa.

Una situación que puede haber fomentado este pensamiento es que en la exhortación "Vita Consecrata" sobre la vida religiosa, San Juan Pablo II profundiza en las cualidades de esa opción por la pobreza; indicando que no se trata tanto de pobreza socio-económica si no de pobreza que abarca todos los ámbitos: una forma de vivir, tal y como recuerda el Padre J. Rovira CMF.
Se ha deducido de esta manera que al tratarse de una exhortación sobre la vida religiosa, dicha cualidad se excluye de otras posibles vocaciones.

Sin embargo, volviendo al Evangelio, las palabras de Jesús son en realidad respuesta a la pregunta de Pedro siguiente:
«Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos tocará a nosotros?»

Pedro estaba casado, y según los Padres de la Iglesia, seguía casado cuando se encontró con Jesús llegando incluso su mujer a sufrir el martirio, por lo que no podemos decir que abandonó su matrimonio para seguir al Señor, sino más bien, abandonó los trabajos en los que estaba ocupado o al menos de la manera en los que los estaba llevando a cabo.
Aclarado este aspecto, y entendida la pobreza evangélica dirigida a todos -a todas nuestras vidas- y no sólo a una determinada vocación, se entiende también la respuesta de Jesús a Pedro, muy personal pero que no da lugar a dudas sobre lo que supone esta renuncia; ya que incluye a los hijos, pero no al cónyuge.

La respuesta del Señor es clara:

“Y el que a causa de mi Nombre deje casa, hermanos o hermanas, padre, madre, hijos o campos, recibirá cien veces más y obtendrá como herencia la Vida eterna.”

No nos engañemos ni nos dejemos engañar, como bien acababa de decir Jesús a los fariseos: “Que el hombre no separe lo que Dios ha unido”. Y si Dios lo ha unido, no va a ser Él quien lo separe.

Ése ciento por uno no está reservado entonces a la vida religiosa o a aquellos que tienen voto de pobreza, si no a todos aquellos que en respuesta a la llamada del Señor vivan una vida de pobreza evangélica, por lo tanto también al matrimonio.
Una vida no de falta de bienes, sino de co-participación de los bienes, expresión de la comunión eclesial de las primeras comunidades y que el matrimonio y la familia -como Iglesia doméstica- tiene en su misma raíz de manera intrínseca y propia.

Y qué casualidad, entre los frutos que promete el Señor no sólo está el ciento por uno, si no la Vida eterna. La Vida eterna para una carne sola, que ya no son dos, como también acaba de decir Jesús en el versículo 6.

martes, 4 de marzo de 2014

Bendición sobre el cónyuge

Quiero compartir esta sencilla oración, que es algo más, ya que en realidad es una bendición.
Bendecir viene de bien-decir y significa transmitir la vida o expresar buenos deseos a otra persona. También puede significar dar gracias o reconocer la bondad de otros. Por eso Dios nos bendice y nosotros le bendecimos también a Él.
En este caso, nuestra bendición sobre el cónyuge contiene todos los significados de la palabra: reconocimiento, agradecimiento, buenos deseos, transmisión de vida y mirada puesta también en un futuro conjuntamente vivido y bendecido.


Dios misericordioso,
bendice a mi marido (mi esposa)
y pon tu mano protectora sobre él (ella).
Te doy gracias por esta persona
que me has puesto al lado,
con la cual puedo compartir mi vida.
A través de ella me has bendecido.
Muchas cosas he recibido por medio de ella.
Por eso te pido:
Envíales tu Santo Espíritu.
Ponlo (ponla) mediante tu Espíritu
en contacto con la fuente interior del amor,
que nunca se seca porque es divina.
Hazle beber siempre de este amor,
aun cuando los sentimientos a veces
se desvanezcan o se debiliten.
Haznos crecer juntos
en esta fuente del amor
que nos une en lo más profundo.
Bendice nuestro amor común,
que nos une cada vez más profundamente
y nos da parte
en tu amor divino, que fluye en nosotros.
Bendice su trabajo
para que le depare alegría
y para que de él siempre se derive bendición
para los demás.
Acompáñale en todos sus caminos,
para que se sepa protegido (protegida) por ti
y sienta en todas partes tu cercanía amorosa.
Dale paz interior,
para que se sepa en armonía
consigo mismo (misma) y siga su camino
lleno (llena) de confianza en el futuro.
Bendice nuestro futuro común,
para que mutuamente nos apoyemos
y nos mantengamos vivos
y así seamos sensibles a aquello
de lo que nos crees capaces, a la bendición
que ha de salir conjuntamente de nosotros.
Amén.

jueves, 31 de octubre de 2013

Decálogo para cuidar la fidelidad


Empezaré por confesar que como a la sociedad en general, al pensar en el tema se me venía a la cabeza el título de infidelidad (en negativo) en lugar de fidelidad (en positivo).
Esta circunstancia que parece sin importancia, tiene la suya y quizás está producida por dos aspectos bastante extendidos: el primero es que siempre lo negativo, polémico o escabroso está en la punta de la lengua y del oído. Los medios de comunicación y las noticias rinden cuenta de esto diariamente, cuando por regla general se tiende a informar sobre malas noticias (según ION en España en 2012, un 54% fueron malas noticias frente a un 24% de buenas) y así lo sienten quienes las reciben (en España el 85% piensa que la mayoría de las noticas son negativas).
El segundo aspecto es que la fidelidad es un término que no está de moda. Pese a que las compañías de teléfono han vuelto a implantarlo (aunque sea para unos periodos determinados), sigue estando relacionado con el Matrimonio que, al fin y al cabo, continúa devaluándose por la extensión de la promoción del divorcio, que incide directamente en una mentalidad poco fiel.

El cimiento de toda relación es la confianza, y cuando ésta se rompe, la relación se pone seriamente a prueba
Un dato más: aunque el calificativo de fiel es positivo para la sociedad, se tiende más a emplearlo como humanizador de animales (principalmente las mascotas) o asimilarlo a comportamientos privados de voluntad o libertad. Sin embargo cuando hablamos de las personas en general, se busca siempre justificar la falta de fidelidad bajo la opinión de que es algo natural e incluso innato para el ser humano y que proporciona el grado de libertad necesario para conseguir la felicidad. 
Es llamativo, pese a toda esta mentalidad, que en la preparación al matrimonio y cuando se va a dar el paso, la infidelidad es según las mismas parejas lo único que no se está dispuesto a perdonar. ¿Cómo puede ser esto así?. Según la revista Misión, los expertos en terapia matrimonial coinciden en que el cimiento de toda relación es la confianza, y cuando ésta se rompe, la relación se pone seriamente a prueba. Y es que el amor requiere un sano sentido de la vulnerabilidad -la voluntad de abrirse totalmente al otro y dejar que conozca todo lo nuestro, lo bueno y lo malo- y la vulnerabilidad exige confianza: saber que estoy a salvo contigo. Por eso, si una pareja no puede confiar en que van a ser emocional y sexualmente fieles el uno al otro, no puede tener una relación más allá de un arreglo meramente funcional.
Los psicólogos agrupan las diferentes infidelidades en tres causas: sociales, matrimoniales y personales. Aunque los tres aspectos son importantes, el crucial sigue siendo el personal. Y es que por lo general la infidelidad acontece en medio de una gran confusión interna: "haces algo que no quieres hacer y una vez que lo haces crees que ya no hay vuelta atrás". La mayoría de las personas casadas en algún momento se sienten atraídas por otra persona que no es su cónyuge, y esto es humano, pero cultivar esta atracción no lo es por el dolor tan grande y las consecuencias tan negativas que produce a los involucrados.
Por todo ello, se debe estar alerta y ser fiel en las cosas pequeñas. Un pequeño decálogo de prevenciones para cuidar y cultivar el matrimonio basado en las ocho de Jill Savage sobre este aspecto puede ser el siguiente:
1.- Elige sabiamente: evita pasar tiempo innecesario a solas con alguien y cuando tengas que elegir compañero hazlo conscientemente y pensando en tu pareja.
2.- Comparte sabiamente: Compartir secretos e intimidades sobre ti y tu matrimonio con una persona con la que tu pareja no lo haría es una señal de alerta. Los líos emocionales también hacen mucho daño a las relaciones.
3.- Procura estar en sitios públicos: haz el propósito de no citarte a solas con alguien.
4.- No seas inocente: la infidelidad empieza como una relación inocente que termina alcanzando una profundidad emocional que cruza la línea de la fidelidad.
5.- Aumenta tu inversión en hogar. Los matrimonios fuertes se consiguen pasando tiempo juntos, riendo juntos y jugando juntos. Evita el activismo y dedica tiempo a tu cónyuge, pues solemos pasar más horas lejos del otro y nos volvemos "independientes". Podemos estar haciendo incluso cosas muy buenas -como un voluntariado- pero si no las hacemos juntos, abrimos la puerta a la tentación. Si no tienes citas con tu pareja, planea ya citas para los meses que vienen y haz que pasar tiempo juntos sea una prioridad.
6.- Presta atención a lo que piensas. Si estás pensando en los fallos del cónyuge, en defectos o reproches es normal que cualquier otra persona pueda parecerte mejor. Haz una lista por escrito de los puntos fuertes que inicialmente te atrajeron de tu pareja. Aumenta el animar y apoyar y disminuye las críticas.
7.- No juegues a comparar. Todos tenemos manías, costumbre malas y cometemos errores. Además tu cónyuge no es comparable, pues le conoces mejor que a cualquier otra persona...
8.- Toma las decisiones con tu cónyuge. ¿A quien mejor o con quien mejor?. Además si uno de los dos hace algo que el otro no quiere, pueden surgir grietas en la relación.
9.- Sé consciente de los problemas del pasado: descúbrelos y trátalos, y si es posible con tu cónyuge, mejor. Suelen ser fuente de inseguridades, insatisfacciones y falta de confianza, aunque parezcan que están ya desterrados.
10.- Busca ayuda: pues no es signo de debilidad, si no de fortaleza. La búsqueda de ayuda es el primer síntoma de quien quiere superar la dificultad, luego es positivo. Además el consejo de alguien con conocimientos ayuda a establecer nuevas estrategias y nuevos puntos de vista para fortalecer tu matrimonio.

lunes, 15 de julio de 2013

Reflexión sobre el amor y la muerte

La muerte no es nada.
No he hecho más que pasar al otro lado.
Yo sigo siendo yo. Tú sigues siendo tú.
Lo que éramos el uno para el otro, seguimos siéndolo.
Dame el nombre que siempre me diste.
Háblame como siempre me hablaste.
No emplees un tono distinto.
No adoptes una expresión solemne ni triste.
Sigue riendo de lo que nos hacía reír juntos…
Reza, sonríe, piensa en mí, reza conmigo.
Que mi nombre se pronuncie en casa como siempre lo fue,
Sin énfasis ninguno, sin huella alguna de sombra.
La vida es lo que siempre fue: el hilo no se ha cortado.
¿Por qué habría yo de estar fuera de tus pensamientos?
¿Sólo porque estoy fuera de tu vista?
No estoy lejos, tan sólo a la vuelta del camino…
Lo ves, todo está bien…
Volverás a encontrar mi corazón, volverás a encontrar su
Ternura acendrada.
Enjuga tus lágrimas, y no llores si me amas.

miércoles, 6 de junio de 2012

Reflexión sobre la Resurrección

Como siempre que el Evangelio de la misa del día nos regala el pasaje de Marcos 12, tenemos la suerte de descubrir nuevos comentarios acerca de la realidad del Cielo y de la esperanza en la resurrección.
En este caso nuestro querido Papa Benedicto XVI indicaba cuando era Cardenal:
El cristianismo no promete tan sólo la salvación del alma, en un más allá cualquiera donde todos los valores y las cosas preciosas de este mundo desaparecerán como si se tratara de una escena que se hubiera construido en otro tiempo y que desaparece desde aquel momento. El cristianismo promete la eternidad de todo lo que se ha realizado en la tierra.
Dios conoce y ama a este hombre total que somos actualmente. Es, pues, inmortal lo que crece y se desarrolla en nuestra vida ya desde ahora. Es en nuestro cuerpo que sufrimos y que amamos, que esperamos, que experimentamos el gozo y la tristeza, que progresamos a lo largo del tiempo. Todo lo que se desarrolla así en nuestra vida de ahora, es lo que es imperecedero. Es pues, imperecedero lo que hemos llegado a ser en nuestro cuerpo, lo que ha crecido y madurado en el corazón de nuestra vida, unido a las cosas de este mundo. Es «el hombre total» tal cual está situado en este mundo, tal cual ha vivido y sufrido, el que un día será llevado a la eternidad de Dios y tendrá parte en Dios mismo, por la eternidad. Es esto lo que debe llenarnos de un gozo profundo.

Como se ve tampoco Ratzinger veía posible la separación en la Eternidad de aquello en lo que ponemos nuestro corazón, nuestro tiempo, nuestras fuerzas, nuestro esfuerzo y nuestro amor; pues es parte inseparable de nuestra Vida.
Ahora que cada uno encuentre en dónde se halla su corazón.

martes, 10 de abril de 2012

Consejos para el matrimonio

En un artículo publicado en Aciprensa por Gloria Elena Franco, encontramos sintetizado un buen manual de funcionamiento matrimonial. En 16 puntos orientados en un primer momento a superar y evitar las crisis matrimoniales, se contemplan aspectos tan fundamentales para el día a día que podemos utilizarlo como un buen test de control diario, para examinarnos cada día y saber cómo nos desenvolvemos.
Quizás no se trata de cumplir todos los días todos los puntos, pero sí al menos de considerarlos de manera que poco a poco vayan calando en nosotros y pasen a formar parte de nuestro actuar cotidiano. Como dirían los autores del libro que inspiró A prueba de fuego, se debe tener "la voluntad de convertir a nuestra pareja en el centro real de nuestra vida" :

1.- Tiempo de oro
Dedícale tiempo al otro pero no confundas la calidad con la cantidad.

2.- Salidas frecuentes
Sal con tu cónyuge con alguna frecuencia. No te limites a "sacar" a tu mujer de casa, preocúpate de "salir con ella" a algo que le agrade.

3.- Oír y escuchar
Cuando él-ella te hable, no te limites a oír, deja de trabajar, o deja el periódico a un lado, mírale a los ojos. Él o ella se enterará de que te escucha.

4.-Como novios
Mantén viva la ilusión del primer día de noviazgo. Conquístale a diario. Preocúpate de tu arreglo personal.

5.-Buenos recuerdos
Recuerda con frecuencia los momentos felices compartidos por los dos.

6.- Sueños de enamorados
Sueña como los enamorados pero ten los pies en tierra como los esposos.

7.- De cara al futuro
Haz planes de futuro que te ayuden a mejorar el presente.

8.-"No hay otro como tú"
Hazte sentir al otro como necesario en la relación conyugal. Busca su compañía.

9.-La importancia de las celebraciones
Recuerda las fechas importantes. Si las celebráis juntos, ¡mejor!

10.- "¡Ayúdame!"
Pide a tu cónyuge soluciones prácticas para tus problemas: puede ayudarte mucho y además servirá para uniros.

11.-Siempre alabanzas
No le critiques ante las amistades, menos aún cuando no esté presente.

12.-"Es una sorpresa"
Sorpréndela con pequeños detalles inesperados: un regalo, una cena especial, una noticia agradable, unas flores, el vestido que le gusta.

13.-"Venía pensando en ti"
Búscale a él o a ella al llegar a casa. Le encantará saber que vienes pensando en él.

14.-Un beso al despedirse
No olvides despedirte antes de salir. Un beso todos los días es una práctica muy recomendable

15.- Con la verdad por delante
Sé siempre sincero pero no lo manifiestes de forma desagradable.

16.- "Quiero estar contigo"
Prefiere a tu cónyuge antes que a las amistades, demuéstraselo a menudo.

martes, 4 de octubre de 2011

Hasta que la muerte os separe ¿realmente?

Aportando más ideas al desarrollo de uno de los objetos de este blog: el matrimonio para siempre; traigo una reflexión de la wiki de Aciprensa que os invito a visitar.
Hablando -cómo no- del Cielo dice lo siguiente:

(4) Los teólogos distinguen el objeto primario y secundario de la visión beatífica. El objeto primario es Dios mismo tal como es. El bendito ve la Esencia Divina por intuición directa y, por la absoluta simplicidad de Dios, ellos necesariamente ven todas Sus perfecciones y las tres Personas de la Trinidad. [...] Las cosas finitas no son necesariamente vistas por los benditos, aunque sean un objeto actual de la voluntad de Dios. Mucho menos son ellos un objeto necesario de visión en tanto ellos son meros objetos posibles de la voluntad Divina. Consecuentemente, los benditos tienen un conocimiento distinto de cosas individuales posibles sólo en tanto Dios desea entregar ese conocimiento. Por ende, si Dios lo deseara, un alma bendita podría ver la Esencia Divina sin ver en Ella la posibilidad de ninguna creatura individual en particular. Pero, de hecho, siempre hay conexión entre la visión beatífica y un conocimiento de varias cosas externas a Dios, tanto de lo posible, como de lo actual. Todas estas cosas, consideradas colectivamente, constituyen el objeto secundario de la visión beatífica.
El alma bendita ve estos objetos secundarios en Dios ya sea directamente (formaliter) o en tanto Dios es su causa (causaliter). Ve en Dios directamente lo que sea que la visión beatífica desvele a su contemplación sin la ayuda de ninguna imagen mental (species impressa). En Dios, así en su causa, el alma ve todas aquellas cosas las cuales percibe con la ayuda de una imagen mental creada, un modo de percepción otorgada por Dios como un complemento natural de la visión beatífica. El número de objetos vistos directamente en Dios no puede ser aumentado a no ser que la misma visión beatífica sea intensificada; pero el número de cosas vistas en Dios como su causa, pueden ser mayor o menor, o puede variar sin ningún cambio correspondiente en la visión misma.
El objeto secundario de la visión beatífica abarca todo aquello que el bendito pueda tener un interés razonable en conocer. Incluye, en primer lugar, todos los misterios que el alma creía mientras vivía en este mundo Más aún, los benditos se ven entre sí y se regocijan en la compañía de aquellos que la muerte los separó. La veneración otorgada a ellos en esta vida y las oraciones dirigidas a ellos son conocidas también por los benditos. Todo lo que hemos dicho hasta ahora sobre el objeto secundario de la visión beatífica es una enseñanza común y confiable de los teólogos.

Parece clara la idea de que en el Cielo, la visión beatífica no supone únicamente la contemplación de Dios, si no de todo aquello que Él desea y le rodea; incluído aquí todo aquello que ha ayudado a encontrarle y a seguirle en el camino "terreno".
Es reseñable -y no me aguanto a decirlo- que incida en que "la visión abarca todo aquello que el bendito pueda tener un interés razonable en conocer"... ¿y qué será lo que puede tener interés estando en el Cielo? ¡Que cada cual lo reflexione!

domingo, 5 de junio de 2011

Oración para esposos


Señor: haz de nuestro hogar un sitio de tu amor.
Que no haya injuria porque Tú nos das comprensión.
Que no haya amargura porque Tú nos bendices.
Que no haya egoísmo porque Tú nos alientas.
Que no haya rencor porque Tú nos das el perdón.
Que no haya abandono porque Tú estás con nosotros.
Que sepamos marchar hacia Ti en nuestro diario vivir.
Que cada mañana amanezca un día más de entrega y sacrificio.
Que cada noche nos encuentre con más amor de esposos.
Haz, Señor, de nuestras vidas que quisiste unir
una página llena de Ti.
Haz, Señor, de nuestros hijos, lo que Tú anhelas:
ayúdanos a educarles y orientarles por el camino.
Que nos esforcemos en el consuelo mutuo.
Que hagamos del amor un motivo para amarte más.
Que demos lo mejor de nosotros para ser felices en el hogar.
Que cuando amanezca el gran día de ir a tu encuentro
nos concedas el hallarnos unidos para siempre en Ti.
Amén.

martes, 25 de enero de 2011

Dios presente en la vida diaria del matrimonio


Dice Ksawery Knotz con mucha razón:


La vida cristiana de los cónyuges no se limita solamente a la oración, a la conversación sobre Dios, a la participación de la liturgia del domingo. Jesucristo no sólo acude al matrimonio cuando los esposos hablan de Él o rezan juntos, sino también cuando conversan sobre todas las cuestiones de su vida en común, incluso cuando riñen. [...]

Tomar en serio el hecho de que Dios está presente en la unión matrimonial significa que Jesucristo puede acudir a los cónyuges incluso cuando la mujer está preparando un café a su cansado marido. [...] Gracias a una sencilla manera de demostrar el amor, la mujer se convierte en santa, en cercana a Dios. De la misma forma el marido, al ver el cansancio de su esposa, saca la basura; el hecho de realizar esta prosaica obligación doméstica, pero que constituye una expresión de amor hacia su mujer, le santifica.

Jesucristo acude a los cónyuges también cuando se abrazan con cariño, cuando se besan, se acarician y mantienen relaciones sexuales. De esta manera sus cuerpos estimulados participan en el misterio de amor de Dios escondido en los cuerpos humanos. Mientras se obsequian con el placer, Dios está presente entre ellos con el poder otorgado por el sacramento del matrimonio que santifica su relación íntima.

" El matrimonio cristiano, como todos los sacramentos [...] es en sí mismo
un acto litúrgico de glorificación de Dios en Jesucristo y en la Iglesia.
Celebrándolo, los cónyuges cristianos profesan su gratitud a Dios por el bien
sublime, que se les da, de poder revivir en su existencia conyugal y familiar el
amor mismo de Dios por los hombre y del Señor Jesús por la Iglesia, su esposa"
(Familiaris consortio).

[...] Si las personas poseen la vocación de santificarse a través de su matrimonio, eso significa que, para lograr la santidad, es necesario "todo lo que permite expresar, fortalecer y profundizar la unión de los cónyuges. Lo será también la manera de compartir las tareas domésticas diarias, así como la manera de vivir la dimensión erótica del amor; también la pérdida de tiempo en común a la hora de tomar una taza de té en casa y al rezar juntos".

domingo, 19 de diciembre de 2010

¿En peligro de muerte?

Después de asistir a una charla sobre el Matrimonio en el Código de Derecho Canónico, querría incidir sobre un punto que en concreto llamó mucho mi atención.
Es revelador el texto del punto 1068 que reproduzco:
En peligro de muerte, si no pueden conseguirse otras pruebas, basta, a no ser que haya indicios en contra, la declaración de los contrayentes, bajo juramento según los casos, de que están bautizados y libres de todo impedimento.

¿Dos novios que en peligro de muerte decide casarse? ¿cómo se puede entender ésto? Si realmente el matrimonio perdiera su realidad en el cielo, ¿qué sentido tiene que dos personas en peligro de muerte (o al menos una de ellas) decidan casarse? ¿Para qué? ¿Para hacer el paripé? ¿Para repartir o ganar herencias? ¿Para que acto seguido, se separaran -por la muerte- para siempre?.

¿Por qué la Iglesia puede dar tanta facilidad para realizar el sacramento si realmente se trata de una excepción? ¿Qué necesidad tiene de fomentarlo de esta manera si su gesto no sirve, mas que para el cónyuge que continúa?
Sólo Dios lo sabe... sí, creo que Dios lo sabe y está deseando que lo sepamos...

lunes, 23 de agosto de 2010

Estar casado, tener pareja estable, mitiga el estrés...


Para que luego digan: resulta que estar casado o tener una pareja estable reduce la producción de cortisol, conocida como la hormona del estrés, según los resultados de un estudio realizado por las universidades estadounidenses de Chicago y Northwestern entre más de 500 estudiantes de máster y publicada en la revista Stress.

Resultan reveladoras las declaraciones del director del estudio, el profesor Dario Mestripieri:
"Puede que el matrimonio por sí mismo sea estresante, pero parece ser que también hace más fácil enfrentarse a las situaciones estresantes de la vida diaria". De hecho, "hemos demostrado que la estabilidad en la pareja reduce el efecto del cortisol como respuesta al estrés psicológico".
Del medio millar de estudiantes escogidos de la Escuela de Negocios de Chicago, en torno al 40 por ciento de los hombres y el 53 por ciento de las mujeres estaban casados o en relaciones estables y la edad media fue de 29 años para los 348 hombres y de 27 años para las 153 mujeres estudiadas.

Durante el estudio, los sujetos participaron en un test que medía sus capacidades económicas, entregando muestras de saliva antes y después del juego para medir sus niveles de hormonas. Para hacer más "estresante" la prueba, a cada estudiante se le dijo que este test "tendría un impacto muy importante en su futuro profesional", explican los autores.

De este modo, los investigadores estadounidenses comprobaron que los niveles de cortisol estaban elevados en toda la muestra tras realizar el test, aunque las mujeres presentaron incrementos más altos que los hombres. El experimento además hizo descender la testosterona en los hombres, aunque no en las mujeres.

No obstante, lo que más sorprendió a los científicos fue que, con independencia del sexo, las personas "solteras" presentaron incrementos todavía más altos que la media. Por contra, los solteros varones mostraron mayores niveles basales de testosterona que sus compañeros casados.

lunes, 14 de junio de 2010

¿Se puede sufrir en el Cielo?


Interesante reflexión que traigo aquí sacada de la página: http://www.corazones.org/.

A colación de las múltiples apariciones en las que se nos dice que la Virgen sufre por nosotros, se plantea la cuestión que titula este artículo.

No está muy desarrollada, pero sus leves pinceladas permiten interpelarnos sobre el tema que nos atañe.

Dice literalmente: "[...] La Iglesia define teológicamente que, en la Gloria no se puede sufrir ya que se está en la plenitud de la gracia y la bienaventuranza. Sin embargo, por la comunión de los Santos, sabemos que existe unidad real entre las almas en diferentes estados, los que están en el cielo, la tierra y el purgatorio. Cierto que esta unión no significa que los del cielo sufren necesariamente por los demás, pues la intercesión se puede dar de distintas formas. [...]"

Ahora cabe pensar hasta dónde llega esa unidad real que dice, o mejor dicho cómo se alcanza; porque lo que si parece claro es que es una unión personal (no general o comunal).

Toma nota!

martes, 3 de noviembre de 2009

Sobre el estado de los cuerpos resucitados


Son numerosos los artículos que se pueden encontrar sobre el Cielo, por su interés reproducimos lo que la página web del Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote detalla en su apartado sobre Doctrina del Cielo y más en concreto sobre el Estado de los Cuerpos en la Resurreción.

Se presenta a modo de pregunta-respuesta, lo que hace más sencillo su entendimiento y lectura, recomendamos su lectura completa:


¿En qué estado resucitará Dios a los cuerpos? Es de suponer que los resucitará en el estado de integridad y completo crecimiento en que fueron creados Adán y Eva.
¿En qué consistirá este estado de integridad y completo crecimiento? 1° En que los cuerpos resucitados carecerán de todo defecto físico, y tendrán completos todos sus miembros y órganos; 2° en que, según la general opinión de los doctores, tendrán el crecimiento propio de la edad viril.
¿Serán todos los cuerpos iguales? No: conservarán las diferencias individuales que llevan todas las obras divinas.
¿Estarán los cuerpos sujetos a las funciones de la vida vegetativa? No: en esto se parecerán a los puros espíritus. “Después de la resurrección, los hombres... serán como los ángeles de Dios en el cielo” (Mat., XXII, 30).
¿En qué se diferenciarán los cuerpos de los justos y los de los réprobos? El alma, transfigurada por la gloria celestial, comunicará a los cuerpos de los justos cualidades que no tendrán los de los réprobos. “Todos a la verdad resucitaremos, mas no todos seremos mudados” (I Cor., XV, 51).
¿Qué nos enseña el apóstol San Pablo tocante a este cambio? Después de comparar el cuerpo del justo a la simiente que arrojada en la tierra no germina si primero no se pudre y muere, dice: “Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Es sembrado en vileza, resucitará en gloria. Es sembrado en flaqueza, resucitará en vigor. Es sembrado cuerpo ani­mal, resucitará cuerpo espiritual” (I Cor., XV, 42-44). Es muy conveniente que nuestra carne, purificada y consagrada por los sacramentos, alimentada con el cuerpo y la sangre de Jesucristo, hecha templo del Espíritu Santo, sea glorificada un día, y no se quede para siempre sumida en el polvo y abyección del sepulcro.
¿Cuáles serán las dotes de los cuerpos gloriosos? Las dotes de los cuerpos gloriosos serán impasibilidad, claridad, agilidad y sutileza.
¿Qué es la impasibilidad? Es la cualidad sobrenatural que hace al cuerpo inaccesible a los padecimientos y a la muerte.
¿Quiere esto decir que los cuerpos glorificados son más insensibles? No, pues los sentidos, afinados y perfeccionados, disfrutarán de los más puros goces que puede ofrecer la naturaleza, también transfigurada,
¿Qué es la claridad? Es la cualidad sobrenatural que comunica al cuerpo una luz resplandeciente. El cuerpo brillará con la claridad que le comunique el alma, así como el alma bienaventurada brilla con la claridad que recibe de Dios. “Los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre” (Mat., XIII, 42).
¿Qué es la agilidad? Es la cualidad sobrenatural que hace al cuerpo tan rápido como el pensamiento.
¿Qué es la sutileza? Es la cualidad sobrenatural en cuya virtud el cuerpo puede atravesar la materia sin dividirla, como la luz atraviesa un cristal.
¿Por qué se dice que estas cualidades son sobrenaturales? Porque en el cuerpo glorioso, estas cualidades emanan del alma transformada por la visión beatífica.
¿Cuál será el tipo de los cuerpos gloriosos? El cuerpo de Jesucristo, “que transformará nuestro vil cuerpo, y lo hará conforme al suyo glorioso, con la misma virtud con que puede sujetar a su imperio todas las cosas” (Filip., III, 21).
¿No tienen algunos bienaventurados, además de estas cualidades esenciales, a todos comunes, cierto grado de gloria particular? Sí: la aureola.
¿Qué es la aureola? La aureola es el gozo accidental en virtud de una victo­ria insigne, redunda del alma sobre el cuerpo del bienaventurado comunicándole su resplandor particular.
¿Cuántas clases de aureolas hay? Tres, correspondientes a otras tres insignes victorias sobre los enemigos de la salvación. Son las siguientes: 1ª la de los mártires, que han triunfado del mundo; 2ª la de los vírgenes, que han triunfado de la carne; 3ª la de los doctores que han triunfado del demonio, disipando las tinieblas del error.
¿Cómo serán los cuerpos de los réprobos? Serán inmortales como los de los bienaventurados, pero no tendrán las cualidades gloriosas.
¿Por qué estarán privados de las cualidades gloriosas? Porque sus almas, malditas por Dios, y de Él separadas, necesariamente han de hacer miserables los cuerpos que les están unidos.
¿Qué tendrán en vez de la impasibilidad? Estarán siempre padeciendo tormentos indecibles.
¿Y en vez de la claridad? Espesísimas y eternas tinieblas.
¿Y en vez de la agilidad? La dificultad que para moverse experimenta el prisionero cargado de pesadas cadenas, o el paralítico totalmente
privado de movimiento.
¿Y en vez de la sutileza? La tosquedad propia de la más grosera materia.

miércoles, 7 de enero de 2009

Tema controvertido

Quizás alguien con el que ya he hablado de este tema en persona -del tema del matrimonio en el Cielo- y cualquier otra persona que pueda visitar este blog, podrá pensar que éste no es un tema crucial para el cristiano, ya que -al fin y al cabo- en el Cielo estaremos en Su Presencia y pocas cosas ya importarán más.
Quiero pensar que en cierta manera es así -aquello que anhelamos es la contemplación del Rostro del Señor, dicen los santos-, pero desconociendo el momento en el que Dios nos quiera llamar, es cierto que existe una alta probabilidad de que no seamos los últimos en abandonar el mundo. En ese caso, la labor redentora que Dios quiere que realicemos en la tierra puede continuarse en el Cielo, ya que, los que gozan del Cielo no están de brazos cruzados (no hay más que ver la labor de los Santos y su intercesión salvadora que manifiestan día a día).
Pero no quiero tampoco materializar el asunto, de tal manera que se emborrone con el polvo de la tierra y de los ejemplos; y debemos confirmar lo que en anteriores textos se ha resaltado: no se trata de una ruptura con la Vida de Gracia, si es que ésta hace presente el Reino de Dios en la tierra y es verdaderamente digna del Cielo; si no de una transformación. Por lo tanto, y en pro de esa continuidad en la materialización del Reino, parece evidente la continuidad y la complementariedad también en el Cielo por parte de los esposos de su matrimonio santo.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Matrimonio santo

Los padres de santa Teresita del Niño Jesús, Louis y Zélie Martin, serán beatificados en Lisieux, el 19 de octubre de 2008, durante el Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND).
La noticia fue anunciada oficialmente por el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el cardenal José Saraiva Martins, el sábado 12 de julio, en Alençon (Francia).
Los padres de santa Teresita de Lisieux se casaron en la iglesia de Nuestra Señora de Alençon, hace 150 años, el 13 de julio 1858, a medianoche, motivo por el cual el purpurado portugués ha viajado a Alençon y Lisieux el 12 y el 13 de julio.
El anuncio del cardenal Saraiva Martins tuvo lugar al final de su conferencia sobre la santidad de los esposos Martin, en Alençon, ante varios centenares de personas, así como en la celebración eucarística que presidió en la iglesia de Nuestra Señora, concelebrando con varios obispos.
Los cuerpos de Louis (1823-1894) y Zélie (1831-1877) Martin, proclamados venerables por Juan Pablo II en 1994, fueron exhumados de su tumba, situada al pie de la basílica de Lisieux, el lunes 26 de mayo, con el objetivo de ser trasladados a la basílica en septiembre.
El niño italiano que debe su curación a la oración de intercesión de los esposos Martin, Pietro, que hoy tiene seis años, estuvo presente en la ceremonia privada.
En Verona (Italia), se ha creado el relicario en el que descansarán los restos de los futuros beatos.
Benedicto XVI firmó el 3 de julio el decreto de reconocimiento de un milagro atribuido a la intercesión de los padres de santa Teresa de Lisieux.
Este reconocimiento abre el camino a su beatificación, juntos, como fue el caso, por primera vez en la historia, de los esposos Luigi Beltrame Quattrocchi y Maria Corsini, beatificados por Juan Pablo II el 21 de octubre de 2001. Era también una Jornada Mundial de las Misiones.
Pietro Schiliro, el niño que ha experimentado el milagro, procede de Monza, ciudad cercana a Milán. Nacido con una malformación de los pulmones, los médicos habían dicho que no podría sobrevivir.
Un carmelita, el padre Antonio Sangalli, sugirió entonces a los padres que hicieran una novena a los padres de santa Teresita, que perdieron a cuatro niños en tierna edad, para obtener la fuerza de afrontar este sufrimiento.
Pero la mamá declaró que haría la novena (en realidad hizo dos) para pedir la curación de su hijo.
Pietro, hoy es un niño en plena forma, que pudo venir a Lisieux con sus padres para dar las gracias a Louis y Zélie Martin.
Santa Teresita del Niño Jesús, copatrona mundial de las misiones, también fue proclamada doctora de la Iglesia por Juan Pablo II en una Jornada Mundial de las Misiones, el 19 de octubre de 1997.

domingo, 10 de agosto de 2008

El Matrimonio continúa en el Cielo

Para iniciar este blog, presentamos un comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la liturgia del domingo XXXII del tiempo ordinario [C] (2 Macabeos 7, 1-2.9-14; 2 Tesalonicenses 2,16-3,5; Lucas 20, 27-38) publicado por Zenit.
Es bastante claro y da pie a comentar algo que en pocos sitios se lee o se divulga: ¿que pasa con los esposos en el Cielo?, pues eso: "con la muerte la vida no termina, se transforma"
Dios no es Dios de muertos (10/11/07)

En respuesta a la pregunta capciosa de los saduceos sobre el destino de la mujer que ha tenido siete maridos en la tierra, Jesús reafirma sobre todo el hecho de la resurrección, corrigiendo, a la vez, la representación materialista y caricaturesca que se hacen de ella los saduceos. La bienaventuranza eterna no es sencillamente una potenciación y prolongación de las alegrías terrenas, con disfrutes de la carne y de la mesa a placer. La otra vida es de verdad otra vida, una vida de calidad diferente. Es, sí, el cumplimiento de todas las esperanzas que el hombre tiene sobre la tierra -e infinitamente más--, pero en un plano distinto. «Los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, ni pueden ya morir, porque son como ángeles».
En la parte final del Evangelio, Jesús explica el motivo por el que debe haber vida después de la muerte. «Que los muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor "el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob". No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven». ¿Dónde está en ello la prueba de que los muertos resucitan? Si Dios se define «el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob» y es un Dios de vivos, no de muertos, entonces quiere decir que Abraham, Isaac y Jacob viven en algún lugar, si bien, en el momento en que Dios habla a Moisés, aquellos están muertos desde hace siglos.
Interpretando de manera errada la respuesta que Jesús da a los saduceos, algunos han sostenido que el matrimonio carece de toda continuidad en el cielo. Pero con esa frase Jesús rechaza la idea caricaturesca que los saduceos presentan del más allá, como si fuera una sencilla continuación de las relaciones terrenas entre los cónyuges; no excluye que estos puedan reencontrar, en Dios, el vínculo que les ha unido en la tierra.
¿Es posible que dos esposos, tras una vida que les ha asociado a Dios en el milagro de la creación, en la vida eterna, ya no tengan nada en común, como si todo estuviera olvidado, perdido? ¿No estaría esto en contradicción con la palabra de Cristo de que no se debe dividir lo que Dios ha unido? Si Dios les ha unido en la tierra, ¿cómo podría separarles en el cielo? ¿Toda una vida juntos puede acabar en la nada sin que se desmienta el sentido mismo de la vida aquí abajo, que es el de preparar la venida del Reino, los cielos nuevos y la tierra nueva?
Es la Escritura misma -no sólo el natural deseo de los esposos- la que apoya esta esperanza. El matrimonio, dice la Escritura, es «un gran sacramento» porque simboliza la unión entre Cristo y la Iglesia (Ef 5, 32).¿Es posible, entonces, que desaparezca precisamente en la Jerusalén celeste, donde se celebra el eterno banquete nupcial entre Cristo y la Iglesia, del que aquel es imagen?
Según esta visión, el matrimonio no acaba del todo con la muerte, sino que se transfigura, se espiritualiza, se sustrae a todos los límites que marcan la vida en la tierra, igual que, por lo demás, no se olvidan los vínculos existentes entre padres e hijos, o entre amigos. En el prefacio de la Misa de difuntos la liturgia dice que con la muerte «la vida no termina, se transforma»; lo mismo se debe decir del matrimonio, que es parte integrante de la vida.
Pero ¿qué decir a quienes han tenido un experiencia negativa, de incomprensión y de sufrimiento, en el matrimonio terreno? ¿No es para ellos motivo de miedo, más que de consuelo, la idea de que el vínculo no se rompa ni con la muerte? No, porque en el paso desde el tiempo a la eternidad el bien permanece, el mal cae. El amor que les unió, tal vez por breve tiempo, persiste; no los defectos, las incomprensiones, los sufrimientos que se han causado recíprocamente. Muchísimos cónyuges experimentarán sólo cuando se reúnan «en Dios» el amor verdadero entre sí y, con él, el gozo y la plenitud de la unión que no disfrutaron en la tierra. Es también la conclusión de Goethe sobre el amor entre Fausto y Margarita: «Sólo en el cielo lo inalcanzable (o sea, la unión plena y pacífica entre dos criaturas que se aman) será realidad». En Dios todo se entenderá, todo se excusará, todo se perdonará.
¿Y qué decir de quienes estuvieron legítimamente casados con varias personas, como los viudos y las viudas que volvieron a contraer matrimonio? (Fue el caso presentado a Jesús de los siete hermanos que habían tenido, sucesivamente, como esposa a la misma mujer). También para ellos debemos repetir lo mismo: aquello que hubo de auténtico amor y donación con cada uno de los esposos o de las esposas, siendo objetivamente un «bien» y viniendo de Dios, no será suprimido. Allá arriba no habrá rivalidades en el amor o celos. Estas cosas no pertenecen al amor verdadero, sino al límite intrínseco de la criatura. [Traducción del original italiano realizada por Zenit]