miércoles, 5 de noviembre de 2014

Imaginarse el Cielo


Ignacio Pérez nos cuenta en su artículo de Aleteia: ¿Cómo imaginarse el cielo? ¿Qué haremos en él?, cómo Julián Marías pensaba el cielo.

El filósofo vallisoletano invita a “imaginar el Cielo”, ya que como pupilo de Ortega y Gasset, “la explicación de las cosas no las hace por su naturaleza, sino en términos de movimiento”. Por eso, tiene en cuenta que para llegar a un sitio necesitamos pasar siempre por tres fases; primero imaginarlo, a continuación desearlo para, por último, llegar poseerlo.

Son muchos los apuntes sobre el Cielo que se señalan en el artículo. En algunos de ellos Julián Marías salta por encima de algunos pensamientos tradicionales de los teólogos. Entre tanta frescura y novedad quiero yo resaltar aquí tres de ellos [los corchetes son míos]:

-       El Cielo será un mundo: [Para los que siguen pensando que en el Cielo nos convertiremos en seres angelicales]

«En el Cielo viviremos una vida corporal y mundana, porque será en un mundo. Hay que señalar que Marías no muestra una conciencia de la ruptura escatológica, aunque su descripción cumple la finalidad de imaginar para desear.
Dice san Juan que vio “un cielo nuevo y una tierra nueva”. Concretamente habla la Escritura de una ciudad: la “nueva Jerusalén”

-       En el Cielo habrá relaciones interpersonales: [Para los que siguen pensando que en el Cielo estaremos continuamente contemplando a Dios en pantalla gigante]

«También explica qué cosas y qué personas hallaremos dentro del mundo que imagina. Para empezar, en él encontraremos a los seres queridos. Precisamente ese amor nos proyecta también a la vida eterna.
No vagaremos flotando de forma espectral. “Dios nos conocerá por nuestro nombre”. Resuena como un eco la frase de otro converso, Peguy: “En mi Paraíso, habrá cosas”

-       Un Cielo de cantantes, jardineros, madres de familia… [Para los que siguen pensando que el Cielo es ruptura con nuestra actividad vocacional terrestre]

«En la nueva vida, seguiremos ejerciendo nuestra profesión. “Eso lo tengo claro en las actividades vocacionales”. Así un labrador, una madre de familia. “Si no, no sería nuestra vida”

El resto del artículo también es muy aleccionador, pero de estas tres reflexiones podemos pensar nosotros que para poder llegar a desearlo quizás no estamos haciendo mal en imaginar el Cielo; aunque haciéndolo nos podamos quedar cortos.

martes, 2 de septiembre de 2014

La unidad en el matrimonio

 
Tertuliano es una de las grandes personalidades de la Iglesia antigua que vivió entre los siglos II y III en Cartago. Es el primer teólogo que escribe en latín y el primero –casualidad o no- que utiliza la palabra Trinidad para referirse a las tres personas en Dios, mostrando esa comunión de personas cuya imagen tenemos reflejada en el matrimonio.

Tal y como resaltaba Benedicto XVI en una de sus catequesis de los miércoles[1] "como todo buen apologista, experimenta al mismo tiempo la necesidad de comunicar positivamente la esencia del cristianismo". "Sus escritos son importantes, además, para comprender tendencias vivas en las comunidades cristianas sobre María santísima, sobre los sacramentos de la Eucaristía, del Matrimonio y de la Reconciliación, sobre el primado de Pedro, sobre la oración…" y “analiza también la conducta moral de los cristianos y la vida futura”.

No es fácil encontrar un teólogo que ya en los orígenes de la Iglesia hiciera hincapié en el tema de la vida tras la muerte. Como indicaba Benedicto XVI “tenemos la esperanza de que el futuro sea nuestro porque el futuro es de Dios. De este modo, la resurrección del Señor se presenta como el fundamento de nuestra resurrección futura, y representa el objeto principal de la confianza de los cristianos: «La carne resucitará --afirma categóricamente el africano--: toda la carne, precisamente la carne. Allí donde se encuentre, se encuentra en consigna ante Dios, en virtud del fidelísimo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo, que restituirá Dios al hombre y el hombre a Dios» («La resurrección del cuerpo», 63,1).


Y dentro de esa carne resucitada, se encuentra también la unidad de la carne del matrimonio, tal y como expresa Tertuliano en esta bella carta escrita en el año 202 dC:


Cuán bello, entonces, el matrimonio de dos cristianos,

dos que son uno en la esperanza, uno en el deseo,

uno en la forma de vivir que siguen, uno en la religión que practican.

Son como hermanos, ambos siervos del mismo Amo. Nada los divide,

ni en la carne ni en el Espíritu. Ellos son en realidad, dos en una carne;

y donde no hay sino una carne, tampoco hay sino un espíritu.

Oran juntos, adoran juntos, ayunan juntos, se enseñan el uno al otro,

se animan el uno al otro, se fortalecen el uno al otro.

Codo con codo afrontan las dificultades y las persecuciones,

comparten sus consolaciones. No tienen secretos el uno con el otro,

nunca rehúye el uno la compañía del otro; nunca el uno le trae pesar

al corazón del otro.… Salmos e himnos se cantan el uno al otro.

Oyendo y viendo esto, Cristo se goza. A los tales Él les da su paz.

Donde hay dos juntos, allí también está Él presente, y donde Él está, el mal no está.

 



[1] Benedicto XVI en la intervención durante la audiencia general del miércoles 30 de Mayo de 2007.

lunes, 5 de mayo de 2014

El ciento por uno


Del Evangelio de Mateo, el capítulo 19 es uno de los más referenciados. No porque contenga un episodio concreto de la vida de Jesús muy trascendental, si no porque son varios los hechos y muy significativos.
La pregunta del divorcio de los fariseos quizás es la más recurrida, sobre todo en la actualidad por todo lo que supone para el matrimonio; pero el "dejad que los niños se acerquen a mí" o el episodio con el joven rico, el camello y la aguja no se quedan muy atrás.

En esta ocasión, quería reflexionar sobre el "ciento por uno" que promete el Señor.

La frase es muy conocida y empleada, pero si bien normalmente el comentario de Jesús en el versículo 29 se ha tomado tradicionalmente como referencia inmediata de la elección del camino de la pobreza, el famoso "consejo evangélico", éste se ha relacionado directamente con aquellos que optan por la vida religiosa.

Una situación que puede haber fomentado este pensamiento es que en la exhortación "Vita Consecrata" sobre la vida religiosa, San Juan Pablo II profundiza en las cualidades de esa opción por la pobreza; indicando que no se trata tanto de pobreza socio-económica si no de pobreza que abarca todos los ámbitos: una forma de vivir, tal y como recuerda el Padre J. Rovira CMF.
Se ha deducido de esta manera que al tratarse de una exhortación sobre la vida religiosa, dicha cualidad se excluye de otras posibles vocaciones.

Sin embargo, volviendo al Evangelio, las palabras de Jesús son en realidad respuesta a la pregunta de Pedro siguiente:
«Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos tocará a nosotros?»

Pedro estaba casado, y según los Padres de la Iglesia, seguía casado cuando se encontró con Jesús llegando incluso su mujer a sufrir el martirio, por lo que no podemos decir que abandonó su matrimonio para seguir al Señor, sino más bien, abandonó los trabajos en los que estaba ocupado o al menos de la manera en los que los estaba llevando a cabo.
Aclarado este aspecto, y entendida la pobreza evangélica dirigida a todos -a todas nuestras vidas- y no sólo a una determinada vocación, se entiende también la respuesta de Jesús a Pedro, muy personal pero que no da lugar a dudas sobre lo que supone esta renuncia; ya que incluye a los hijos, pero no al cónyuge.

La respuesta del Señor es clara:

“Y el que a causa de mi Nombre deje casa, hermanos o hermanas, padre, madre, hijos o campos, recibirá cien veces más y obtendrá como herencia la Vida eterna.”

No nos engañemos ni nos dejemos engañar, como bien acababa de decir Jesús a los fariseos: “Que el hombre no separe lo que Dios ha unido”. Y si Dios lo ha unido, no va a ser Él quien lo separe.

Ése ciento por uno no está reservado entonces a la vida religiosa o a aquellos que tienen voto de pobreza, si no a todos aquellos que en respuesta a la llamada del Señor vivan una vida de pobreza evangélica, por lo tanto también al matrimonio.
Una vida no de falta de bienes, sino de co-participación de los bienes, expresión de la comunión eclesial de las primeras comunidades y que el matrimonio y la familia -como Iglesia doméstica- tiene en su misma raíz de manera intrínseca y propia.

Y qué casualidad, entre los frutos que promete el Señor no sólo está el ciento por uno, si no la Vida eterna. La Vida eterna para una carne sola, que ya no son dos, como también acaba de decir Jesús en el versículo 6.

martes, 4 de marzo de 2014

Bendición sobre el cónyuge

Quiero compartir esta sencilla oración, que es algo más, ya que en realidad es una bendición.
Bendecir viene de bien-decir y significa transmitir la vida o expresar buenos deseos a otra persona. También puede significar dar gracias o reconocer la bondad de otros. Por eso Dios nos bendice y nosotros le bendecimos también a Él.
En este caso, nuestra bendición sobre el cónyuge contiene todos los significados de la palabra: reconocimiento, agradecimiento, buenos deseos, transmisión de vida y mirada puesta también en un futuro conjuntamente vivido y bendecido.


Dios misericordioso,
bendice a mi marido (mi esposa)
y pon tu mano protectora sobre él (ella).
Te doy gracias por esta persona
que me has puesto al lado,
con la cual puedo compartir mi vida.
A través de ella me has bendecido.
Muchas cosas he recibido por medio de ella.
Por eso te pido:
Envíales tu Santo Espíritu.
Ponlo (ponla) mediante tu Espíritu
en contacto con la fuente interior del amor,
que nunca se seca porque es divina.
Hazle beber siempre de este amor,
aun cuando los sentimientos a veces
se desvanezcan o se debiliten.
Haznos crecer juntos
en esta fuente del amor
que nos une en lo más profundo.
Bendice nuestro amor común,
que nos une cada vez más profundamente
y nos da parte
en tu amor divino, que fluye en nosotros.
Bendice su trabajo
para que le depare alegría
y para que de él siempre se derive bendición
para los demás.
Acompáñale en todos sus caminos,
para que se sepa protegido (protegida) por ti
y sienta en todas partes tu cercanía amorosa.
Dale paz interior,
para que se sepa en armonía
consigo mismo (misma) y siga su camino
lleno (llena) de confianza en el futuro.
Bendice nuestro futuro común,
para que mutuamente nos apoyemos
y nos mantengamos vivos
y así seamos sensibles a aquello
de lo que nos crees capaces, a la bendición
que ha de salir conjuntamente de nosotros.
Amén.

jueves, 31 de octubre de 2013

Decálogo para cuidar la fidelidad


Empezaré por confesar que como a la sociedad en general, al pensar en el tema se me venía a la cabeza el título de infidelidad (en negativo) en lugar de fidelidad (en positivo).
Esta circunstancia que parece sin importancia, tiene la suya y quizás está producida por dos aspectos bastante extendidos: el primero es que siempre lo negativo, polémico o escabroso está en la punta de la lengua y del oído. Los medios de comunicación y las noticias rinden cuenta de esto diariamente, cuando por regla general se tiende a informar sobre malas noticias (según ION en España en 2012, un 54% fueron malas noticias frente a un 24% de buenas) y así lo sienten quienes las reciben (en España el 85% piensa que la mayoría de las noticas son negativas).
El segundo aspecto es que la fidelidad es un término que no está de moda. Pese a que las compañías de teléfono han vuelto a implantarlo (aunque sea para unos periodos determinados), sigue estando relacionado con el Matrimonio que, al fin y al cabo, continúa devaluándose por la extensión de la promoción del divorcio, que incide directamente en una mentalidad poco fiel.

El cimiento de toda relación es la confianza, y cuando ésta se rompe, la relación se pone seriamente a prueba
Un dato más: aunque el calificativo de fiel es positivo para la sociedad, se tiende más a emplearlo como humanizador de animales (principalmente las mascotas) o asimilarlo a comportamientos privados de voluntad o libertad. Sin embargo cuando hablamos de las personas en general, se busca siempre justificar la falta de fidelidad bajo la opinión de que es algo natural e incluso innato para el ser humano y que proporciona el grado de libertad necesario para conseguir la felicidad. 
Es llamativo, pese a toda esta mentalidad, que en la preparación al matrimonio y cuando se va a dar el paso, la infidelidad es según las mismas parejas lo único que no se está dispuesto a perdonar. ¿Cómo puede ser esto así?. Según la revista Misión, los expertos en terapia matrimonial coinciden en que el cimiento de toda relación es la confianza, y cuando ésta se rompe, la relación se pone seriamente a prueba. Y es que el amor requiere un sano sentido de la vulnerabilidad -la voluntad de abrirse totalmente al otro y dejar que conozca todo lo nuestro, lo bueno y lo malo- y la vulnerabilidad exige confianza: saber que estoy a salvo contigo. Por eso, si una pareja no puede confiar en que van a ser emocional y sexualmente fieles el uno al otro, no puede tener una relación más allá de un arreglo meramente funcional.
Los psicólogos agrupan las diferentes infidelidades en tres causas: sociales, matrimoniales y personales. Aunque los tres aspectos son importantes, el crucial sigue siendo el personal. Y es que por lo general la infidelidad acontece en medio de una gran confusión interna: "haces algo que no quieres hacer y una vez que lo haces crees que ya no hay vuelta atrás". La mayoría de las personas casadas en algún momento se sienten atraídas por otra persona que no es su cónyuge, y esto es humano, pero cultivar esta atracción no lo es por el dolor tan grande y las consecuencias tan negativas que produce a los involucrados.
Por todo ello, se debe estar alerta y ser fiel en las cosas pequeñas. Un pequeño decálogo de prevenciones para cuidar y cultivar el matrimonio basado en las ocho de Jill Savage sobre este aspecto puede ser el siguiente:
1.- Elige sabiamente: evita pasar tiempo innecesario a solas con alguien y cuando tengas que elegir compañero hazlo conscientemente y pensando en tu pareja.
2.- Comparte sabiamente: Compartir secretos e intimidades sobre ti y tu matrimonio con una persona con la que tu pareja no lo haría es una señal de alerta. Los líos emocionales también hacen mucho daño a las relaciones.
3.- Procura estar en sitios públicos: haz el propósito de no citarte a solas con alguien.
4.- No seas inocente: la infidelidad empieza como una relación inocente que termina alcanzando una profundidad emocional que cruza la línea de la fidelidad.
5.- Aumenta tu inversión en hogar. Los matrimonios fuertes se consiguen pasando tiempo juntos, riendo juntos y jugando juntos. Evita el activismo y dedica tiempo a tu cónyuge, pues solemos pasar más horas lejos del otro y nos volvemos "independientes". Podemos estar haciendo incluso cosas muy buenas -como un voluntariado- pero si no las hacemos juntos, abrimos la puerta a la tentación. Si no tienes citas con tu pareja, planea ya citas para los meses que vienen y haz que pasar tiempo juntos sea una prioridad.
6.- Presta atención a lo que piensas. Si estás pensando en los fallos del cónyuge, en defectos o reproches es normal que cualquier otra persona pueda parecerte mejor. Haz una lista por escrito de los puntos fuertes que inicialmente te atrajeron de tu pareja. Aumenta el animar y apoyar y disminuye las críticas.
7.- No juegues a comparar. Todos tenemos manías, costumbre malas y cometemos errores. Además tu cónyuge no es comparable, pues le conoces mejor que a cualquier otra persona...
8.- Toma las decisiones con tu cónyuge. ¿A quien mejor o con quien mejor?. Además si uno de los dos hace algo que el otro no quiere, pueden surgir grietas en la relación.
9.- Sé consciente de los problemas del pasado: descúbrelos y trátalos, y si es posible con tu cónyuge, mejor. Suelen ser fuente de inseguridades, insatisfacciones y falta de confianza, aunque parezcan que están ya desterrados.
10.- Busca ayuda: pues no es signo de debilidad, si no de fortaleza. La búsqueda de ayuda es el primer síntoma de quien quiere superar la dificultad, luego es positivo. Además el consejo de alguien con conocimientos ayuda a establecer nuevas estrategias y nuevos puntos de vista para fortalecer tu matrimonio.

lunes, 15 de julio de 2013

Reflexión sobre el amor y la muerte

La muerte no es nada.
No he hecho más que pasar al otro lado.
Yo sigo siendo yo. Tú sigues siendo tú.
Lo que éramos el uno para el otro, seguimos siéndolo.
Dame el nombre que siempre me diste.
Háblame como siempre me hablaste.
No emplees un tono distinto.
No adoptes una expresión solemne ni triste.
Sigue riendo de lo que nos hacía reír juntos…
Reza, sonríe, piensa en mí, reza conmigo.
Que mi nombre se pronuncie en casa como siempre lo fue,
Sin énfasis ninguno, sin huella alguna de sombra.
La vida es lo que siempre fue: el hilo no se ha cortado.
¿Por qué habría yo de estar fuera de tus pensamientos?
¿Sólo porque estoy fuera de tu vista?
No estoy lejos, tan sólo a la vuelta del camino…
Lo ves, todo está bien…
Volverás a encontrar mi corazón, volverás a encontrar su
Ternura acendrada.
Enjuga tus lágrimas, y no llores si me amas.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Oración a la Vigen de los novios


Madre Nuestra:
En tu nombre hemos unido nuestros corazones.
Queremos que presidas nuestro amor; que defiendes, conserves y aumentes nuestra ilusión.
Quita de nuestro camino cualquier obstáculo que haga nacer la sombra o las dudas entre los dos.
Apártanos del egoísmo que paraliza el verdadero amor.
Líbranos de la ligereza que pone en peligro la Gracia en nuestras almas.
Haz que, abriéndonos nuestras almas, merezcamos la maravilla de encontrar a Dios el uno en el otro.
Haz que nuestro trabajo sea estímulo y ayuda para la virtud.
Conserva la salud de nuestros cuerpos. Resuelve nuestras necesidades materiales.
Y haz que el sueño de un hogar nuevo y de unos hijos nacidos de nuestro amor y del tuyo, sean realidad y camino que nos lleven rectamente a tu Corazón. 
Amén

viernes, 24 de agosto de 2012

Embarazadas y con cáncer




 
 
«estamos acostumbrados a que en los apartados de Sociedad y Sucesos aparezcan penalidades, sufrimientos y desgracias que impiden que nuestras vidas sean iluminadas y animadas por el testimonio y el ejemplo de estas valientes y santas mujeres»







Van apareciendo en algunos medios -sobre todo de Internet- los testimonios de madres capaces de dar todo por su familia y por sus hijos. Todo, hasta esta vida. Parece de leyenda, de otro tiempo, pero está ocurriendo. El Amor con que muchas madres quieren a sus hijos es capaz de todo. Y no en lugares lejanos; está ocurriendo muy cerquita de nosotros.

La primera en saltar a la palestra ha sido la italiana Chiara Corbella que quizás por el desenlace de la historia y los testimonios[i] con los que contamos la repercusión posterior ha sido mayor. A Chiara le diagnosticaron con 28 años un carcinoma en la lengua al quinto mes de embarazo. El deseo de Chiara y su marido Enrico de defender a su pequeño Francesco por encima de todo, les hizo retrasar el tratamiento para llevar adelante su maternidad.

Francesco nació sano, no como sus dos anteriores hermanos que murieron a las pocas horas de nacer tras detectarles graves malformaciones. Solo entonces, Chiara pudo comenzar su tratamiento, pero no superó el año de vida.

El funeral de Chiara no fue fúnebre si no que pasó a ser una gran fiesta en la que participaron más de mil personas. Su historia se ha extendido por la red y han proliferado los grupos relacionados en las redes sociales.

Tras su historia se ha llegado a definir a Chiara como una segunda Gianna Beretta Molla[ii]. La beata Gianna era pediatra y también italiana, que en 1962 y con 39 años -cuando estaba embarazada de su cuarto hijo- se le diagnosticó un tumor en el útero. Tras una necesaria intervención en la que Gianna pedía constantemente a los médicos que salvaran en todo caso la vida de su hija, nació Gianna Emanuella. Una semana después la madre moría entre muchos dolores. Este gesto hizo que el propio Pablo VI dijera de ella que se trataba “de una joven madre de la diócesis de Milán que, por dar la vida a su hija, sacrificaba, con meditada inmolación, la propia”.

Otro caso de otra joven italiana es el de Paola Bredda, que rechazó también el tratamiento para salvar la vida de su bebé, y vivió su vida como un verdadero Don recordando que "no hay mayor Amor que aquel de quien da la vida por los demás".

Pero no son los únicos casos sucedidos en Italia. De manera paralela al caso de Chiara, aquí en España, Bárbara Castro García, periodista de la delegación de medios del obispado de Córdoba ha seguido los pasos de Chiara y de Gianna eligiendo la vida de su hijo por encima de cualquier cosa. A sus 31 años y estando embarazada de su primer hijo a Bárbara se le diagnosticó un tumor en la lengua. Pese a que era necesario comenzar las pruebas y tratamientos, Bárbara lo tenía claro y le dijo a su marido que “nuestra hija nacería el día que Dios quisiera, ni un día antes…”

Efectivamente en la fecha prevista nació Barbarita pero a partir de ese día se incrementaron los dolores de su madre que finalmente la llevarían -ante la imposibilidad por parte de los médicos de hacer nada- al Cielo[iii].

Pero no todos los esfuerzos heroicos de las madres por sus hijos terminan con el mismo desenlace. Hay otros casos en los que no sólo las madres consiguieron sacar a su hijo adelante, sino que además vencieron su lucha contra el cáncer, como el de Erika Vandiver y su hija Rachel. Otros en los que tras el nacimiento del bebé y dar ese testimonio de valentía y defensa de la vida siguen en su lucha contra la enfermedad, como el caso de Donna y su hija Lily.  Y otros como en el caso de Stacy Crimm, en los que la donación fue tal que tras augurarle los médicos que era imposible que se quedara embarazada y errar en sus predicciones; se negó a recibir tratamiento de los tumores que tenía y consiguió tener en brazos a su hija Dottie unos momentos antes de morir.

Y hay más, María Pitman de Canadá, puede convertirse en “Mamá del Año” después de que le diagnosticaran un cáncer de pecho en su séptimo embarazo y pese a la insistencia de los médicos en que abortara decidió seguir adelante con la enfermedad y con el embarazo. Finalmente todo resultó bien, aunque no sin sufrimiento tras extirpársele el pecho en pleno embarazo y seguir con un tratamiento largo tras el nacimiento de su hija.

Lo mismo le ocurrió a Simone Calixto una médico brasileño de 39 años que a la vez que descubrió que estaba embarazada se le diagnosticó un cáncer de pecho. Además de que los médicos le aconsejaron que el aborto era lo más “seguro” pues su gestación incrementaba el tamaño del tumor en su pecho debido a las hormonas y los medicamentos del tratamiento contra el cáncer dañarían a la bebé; los médicos del mejor hospital de Ontario (donde residía) le indicaron que si no abortaba no podían ofrecerle el tratamiento necesario.

Finalmente encontró en su tierra natal el médico que estaba dispuesta a apostar por su vida y la de su hija y Melissa nació sana y a su madre posteriormente le extirparon el pecho y pudo seguir con el tratamiento.

Son mujeres, están embarazadas y tienen cáncer; pero luchan por salvar su vida y la de su bebé; y son cada vez más y están más felices de luchar por ello.

Pero todos estos ejemplos que salen a la luz y que son parte de muchas otras más madres que dan su vida por sus hijos, llaman la atención mucho más precisamente por la poca repercusión en los medios de comunicación generalistas. A falta de revistas y periódicos como El Caso estamos acostumbrados a que en los apartados de Sociedad y Sucesos aparezcan penalidades, sufrimientos y desgracias que impiden (¿concienzudamente?) que nuestras vidas sean iluminadas y animadas por el testimonio y el ejemplo de estas valientes y santas mujeres que no dejándose llevar por la comodidad, el bienestar e incluso el egoísmo, superando incluso los consejos –en ocasiones vehementes e ideologizados- de los médicos que nos “cuidan” saben elegir lo mejor en Verdad, para la Vida y en el Amor.


[i] Son numerosos los videos en You Tube sobre Chiara pero el más visitado es el de su testimonio junto con su marido Enrico: http://www.youtube.com/watch?v=ZpHOO3IU6Zc
 
[ii] Gianna fue beatificada por Juan Pablo II el 24 de abril de 1994. Su biografía y la homilía del Papa en su beatificación pueden consultarse en la web de la Santa Sede: http://www.vatican.va/news_services/liturgy/saints/ns_lit_doc_20040516_beretta-molla_sp.html
 
[iii] Muchos medios de información se han hecho eco de la historia de su compañera de profesión, y desde el mismo arzobispado en donde trabajaba se dejó ver en sus compañeros la cercanía y el cariño por la familia de Bárbara y el ejemplo de su vida: http://www.odisur.es/noticias/odisur/item/13563-ha-fallecido-nuestra-compa%C3%B1era-b%C3%A1rbara-castro-de-la-delegaci%C3%B3n-de-medios-de-comunicaci%C3%B3n-de-la-di%C3%B3cesis-de-c%C3%B3rdoba.html
 

miércoles, 6 de junio de 2012

Reflexión sobre la Resurrección

Como siempre que el Evangelio de la misa del día nos regala el pasaje de Marcos 12, tenemos la suerte de descubrir nuevos comentarios acerca de la realidad del Cielo y de la esperanza en la resurrección.
En este caso nuestro querido Papa Benedicto XVI indicaba cuando era Cardenal:
El cristianismo no promete tan sólo la salvación del alma, en un más allá cualquiera donde todos los valores y las cosas preciosas de este mundo desaparecerán como si se tratara de una escena que se hubiera construido en otro tiempo y que desaparece desde aquel momento. El cristianismo promete la eternidad de todo lo que se ha realizado en la tierra.
Dios conoce y ama a este hombre total que somos actualmente. Es, pues, inmortal lo que crece y se desarrolla en nuestra vida ya desde ahora. Es en nuestro cuerpo que sufrimos y que amamos, que esperamos, que experimentamos el gozo y la tristeza, que progresamos a lo largo del tiempo. Todo lo que se desarrolla así en nuestra vida de ahora, es lo que es imperecedero. Es pues, imperecedero lo que hemos llegado a ser en nuestro cuerpo, lo que ha crecido y madurado en el corazón de nuestra vida, unido a las cosas de este mundo. Es «el hombre total» tal cual está situado en este mundo, tal cual ha vivido y sufrido, el que un día será llevado a la eternidad de Dios y tendrá parte en Dios mismo, por la eternidad. Es esto lo que debe llenarnos de un gozo profundo.

Como se ve tampoco Ratzinger veía posible la separación en la Eternidad de aquello en lo que ponemos nuestro corazón, nuestro tiempo, nuestras fuerzas, nuestro esfuerzo y nuestro amor; pues es parte inseparable de nuestra Vida.
Ahora que cada uno encuentre en dónde se halla su corazón.

martes, 10 de abril de 2012

Consejos para el matrimonio

En un artículo publicado en Aciprensa por Gloria Elena Franco, encontramos sintetizado un buen manual de funcionamiento matrimonial. En 16 puntos orientados en un primer momento a superar y evitar las crisis matrimoniales, se contemplan aspectos tan fundamentales para el día a día que podemos utilizarlo como un buen test de control diario, para examinarnos cada día y saber cómo nos desenvolvemos.
Quizás no se trata de cumplir todos los días todos los puntos, pero sí al menos de considerarlos de manera que poco a poco vayan calando en nosotros y pasen a formar parte de nuestro actuar cotidiano. Como dirían los autores del libro que inspiró A prueba de fuego, se debe tener "la voluntad de convertir a nuestra pareja en el centro real de nuestra vida" :

1.- Tiempo de oro
Dedícale tiempo al otro pero no confundas la calidad con la cantidad.

2.- Salidas frecuentes
Sal con tu cónyuge con alguna frecuencia. No te limites a "sacar" a tu mujer de casa, preocúpate de "salir con ella" a algo que le agrade.

3.- Oír y escuchar
Cuando él-ella te hable, no te limites a oír, deja de trabajar, o deja el periódico a un lado, mírale a los ojos. Él o ella se enterará de que te escucha.

4.-Como novios
Mantén viva la ilusión del primer día de noviazgo. Conquístale a diario. Preocúpate de tu arreglo personal.

5.-Buenos recuerdos
Recuerda con frecuencia los momentos felices compartidos por los dos.

6.- Sueños de enamorados
Sueña como los enamorados pero ten los pies en tierra como los esposos.

7.- De cara al futuro
Haz planes de futuro que te ayuden a mejorar el presente.

8.-"No hay otro como tú"
Hazte sentir al otro como necesario en la relación conyugal. Busca su compañía.

9.-La importancia de las celebraciones
Recuerda las fechas importantes. Si las celebráis juntos, ¡mejor!

10.- "¡Ayúdame!"
Pide a tu cónyuge soluciones prácticas para tus problemas: puede ayudarte mucho y además servirá para uniros.

11.-Siempre alabanzas
No le critiques ante las amistades, menos aún cuando no esté presente.

12.-"Es una sorpresa"
Sorpréndela con pequeños detalles inesperados: un regalo, una cena especial, una noticia agradable, unas flores, el vestido que le gusta.

13.-"Venía pensando en ti"
Búscale a él o a ella al llegar a casa. Le encantará saber que vienes pensando en él.

14.-Un beso al despedirse
No olvides despedirte antes de salir. Un beso todos los días es una práctica muy recomendable

15.- Con la verdad por delante
Sé siempre sincero pero no lo manifiestes de forma desagradable.

16.- "Quiero estar contigo"
Prefiere a tu cónyuge antes que a las amistades, demuéstraselo a menudo.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Oración por los bebés que están por nacer


Tú que cuando estabas en el vientre de María con Tu compañía la ayudaste a comprender.

Tú que ibas creciendo y con amor te cobijabas pidiéndole a Dios Padre nuestra fe fortalecer.

Tú que cuando fueron a ayudarla a Isabel, Juan reconocía Tu divinidad de Rey.

Tú, abre estos ojos, haz que puedan comprender.
María ya sabia que Tú un día partirías y que Ella aceptaría con amor Tu voluntad, por eso mientras pudo tenerte dentro de Ella gozaba Tu presencia exenta de ansiedad.

Que sea Tu vida chiquita la que enseñe a perdonar, que sea Tu vida pequeña la que cuide a las demás, que todos los “ por nacer” hallen en Tu querer refugio, amor y ternura.

Haz que te puedan ver.

Jesús, hijo y hermano, Jesús, Padre y Amor,
Jesús, danos la mano, Jesús, borra el dolor.

Jesús, Dios encarnado,
Jesús, Dios y hermano,
Jesús por nacer.
Jesús con María,
Jesús peregrino,
Jesús de la Vida,
Jesús salvación,
Jesús Dios y humano,
salva a los hermanos,
que están por nacer.

Amén

domingo, 20 de noviembre de 2011

No es Dios de muertos, sino de vivos

"El cuerpo es precioso a los ojos de Dios, es lo más amado entre todas sus obras, por lo que es natural que quiera salvarlo. Nosotros llamaríamos «obrero de lo inútil» al que construyera una casa para derruirla seguidamente o para dejarla que se estropeara. De la misma manera, ¿no reprocharíamos a Dios que creara un cuerpo inútilmente?. Pero no, el Inmortal no es así. En verdad, Dios ha llamado al cuerpo a renacer y le ha prometido la vida eterna.
Porque la buena noticia de la salvación del hombre incumbe también al cuerpo. En efecto, ¿qué es el hombre sino un ser viviente dotado de inteligencia, compuesto por alma y cuerpo? ¿Acaso constituye el alma por sí sola al hombre? ¿Se llama «hombre» al solo cuerpo? Si, pues, ninguno de estos dos elementos es por sí solo el hombre, es porque el hombre está formado por la unión de los dos elementos. Es a este hombre total al que Dios ha llamado a la vida y a la resurrección, y no tan sólo a una parte. ¿No sería, pues, absurdo, ya que existen los dos aspectos en la misma realidad, que uno se salve y otro no?"
San Justino
Era samaritano de origen, convertido a la fe, abre una escuela en Roma; escribe en defensa del cristianismo y muere mártir (+ 163)

martes, 4 de octubre de 2011

Hasta que la muerte os separe ¿realmente?

Aportando más ideas al desarrollo de uno de los objetos de este blog: el matrimonio para siempre; traigo una reflexión de la wiki de Aciprensa que os invito a visitar.
Hablando -cómo no- del Cielo dice lo siguiente:

(4) Los teólogos distinguen el objeto primario y secundario de la visión beatífica. El objeto primario es Dios mismo tal como es. El bendito ve la Esencia Divina por intuición directa y, por la absoluta simplicidad de Dios, ellos necesariamente ven todas Sus perfecciones y las tres Personas de la Trinidad. [...] Las cosas finitas no son necesariamente vistas por los benditos, aunque sean un objeto actual de la voluntad de Dios. Mucho menos son ellos un objeto necesario de visión en tanto ellos son meros objetos posibles de la voluntad Divina. Consecuentemente, los benditos tienen un conocimiento distinto de cosas individuales posibles sólo en tanto Dios desea entregar ese conocimiento. Por ende, si Dios lo deseara, un alma bendita podría ver la Esencia Divina sin ver en Ella la posibilidad de ninguna creatura individual en particular. Pero, de hecho, siempre hay conexión entre la visión beatífica y un conocimiento de varias cosas externas a Dios, tanto de lo posible, como de lo actual. Todas estas cosas, consideradas colectivamente, constituyen el objeto secundario de la visión beatífica.
El alma bendita ve estos objetos secundarios en Dios ya sea directamente (formaliter) o en tanto Dios es su causa (causaliter). Ve en Dios directamente lo que sea que la visión beatífica desvele a su contemplación sin la ayuda de ninguna imagen mental (species impressa). En Dios, así en su causa, el alma ve todas aquellas cosas las cuales percibe con la ayuda de una imagen mental creada, un modo de percepción otorgada por Dios como un complemento natural de la visión beatífica. El número de objetos vistos directamente en Dios no puede ser aumentado a no ser que la misma visión beatífica sea intensificada; pero el número de cosas vistas en Dios como su causa, pueden ser mayor o menor, o puede variar sin ningún cambio correspondiente en la visión misma.
El objeto secundario de la visión beatífica abarca todo aquello que el bendito pueda tener un interés razonable en conocer. Incluye, en primer lugar, todos los misterios que el alma creía mientras vivía en este mundo Más aún, los benditos se ven entre sí y se regocijan en la compañía de aquellos que la muerte los separó. La veneración otorgada a ellos en esta vida y las oraciones dirigidas a ellos son conocidas también por los benditos. Todo lo que hemos dicho hasta ahora sobre el objeto secundario de la visión beatífica es una enseñanza común y confiable de los teólogos.

Parece clara la idea de que en el Cielo, la visión beatífica no supone únicamente la contemplación de Dios, si no de todo aquello que Él desea y le rodea; incluído aquí todo aquello que ha ayudado a encontrarle y a seguirle en el camino "terreno".
Es reseñable -y no me aguanto a decirlo- que incida en que "la visión abarca todo aquello que el bendito pueda tener un interés razonable en conocer"... ¿y qué será lo que puede tener interés estando en el Cielo? ¡Que cada cual lo reflexione!

domingo, 5 de junio de 2011

Oración para esposos


Señor: haz de nuestro hogar un sitio de tu amor.
Que no haya injuria porque Tú nos das comprensión.
Que no haya amargura porque Tú nos bendices.
Que no haya egoísmo porque Tú nos alientas.
Que no haya rencor porque Tú nos das el perdón.
Que no haya abandono porque Tú estás con nosotros.
Que sepamos marchar hacia Ti en nuestro diario vivir.
Que cada mañana amanezca un día más de entrega y sacrificio.
Que cada noche nos encuentre con más amor de esposos.
Haz, Señor, de nuestras vidas que quisiste unir
una página llena de Ti.
Haz, Señor, de nuestros hijos, lo que Tú anhelas:
ayúdanos a educarles y orientarles por el camino.
Que nos esforcemos en el consuelo mutuo.
Que hagamos del amor un motivo para amarte más.
Que demos lo mejor de nosotros para ser felices en el hogar.
Que cuando amanezca el gran día de ir a tu encuentro
nos concedas el hallarnos unidos para siempre en Ti.
Amén.

lunes, 18 de abril de 2011

La profesión suprema en la Tierra



Se necesitan MUJERES Y HOMBRES que difundan este mensaje tan marginado. Parece que el tema de la maternidad es tabú o reservado para otras especies.

No se trata de tener 10 hijos (o 20), como dicen estas mujeres se trata de estar abiertos a la vida con responsabilidad.

Pero para tomar decisiones con responsabilidad hace falta conocer y formarse (sin el in).


La situación lo requiere.

Según datos del Barómetro de la Familia de septiembre del año pasado en poco más de dos décadas la edad de la maternidad se ha retrasado en términos de media un año y medio, pasando de los 27,6 a los 29,10 años de edad. En España, las mujeres retrasan la maternidad más que en Europa. La media de edad de las mujeres que tienen su primer hijo era de 30,8 años en 2006 mientras que en la Unión Europea era de 29,1.

Además, España está lejos de la tasa europea de fecundidad de reemplazo. Esto significa que, si no hay flujos migratorios y si las tasas de mortalidad no cambian, para el mantenimiento de la población sería necesaria una tasa de fecundidad de 2,1 hijos. En 2008 en España estaba en 1,46. ¿Por qué preocuparse?

El Barómetro de la Familia advierte que "este dato es muy preocupante porque un crecimiento económico sostenido y una estabilidad social requieren inversión en capital humano". La sostenibilidad de los estados del bienestar requiere un reemplazo generacional o una incorporación masiva de mujeres a la población activa. Si no se respeta el derecho de las mujeres a la maternidad, renunciarán a ella.

Por otro lado, la maternidad de mujeres no casadas se ha incrementado considerablemente en nuestro país, pasando del 16,3% de 1999 al 28,38% de 2006, aunque todavía estamos lejos de lo que sucede en otros países de la UE, donde se ha llegado al 50%. Este aumento de las familias monoparentales, según los responsables del Barómetro de la Familia, tiene consecuencias negativas ya que presentan unas tasas de riesgo de pobreza mucho más elevadas. Además la pérdida del matrimonio supone la pérdida del productor primario de capital social a través de la descendencia y de su educación, y hace más difícil la estabilidad, el buen desarrollo y el equilibrio de la sociedad.


La investigación concluye con un conjunto de propuestas en las que afirma que resulta imprescindible la puesta en marcha de medidas que ayuden a un reconocimiento del valor social y económico de la maternidad, que permita a las familias, libremente, elegir el número de hijos que desen, ya que tratándose de una decisión estrictamente privada, tiene consuecuencias sociales públicas de gran calado.

(Datos recogidos de ReL)

martes, 25 de enero de 2011

Dios presente en la vida diaria del matrimonio


Dice Ksawery Knotz con mucha razón:


La vida cristiana de los cónyuges no se limita solamente a la oración, a la conversación sobre Dios, a la participación de la liturgia del domingo. Jesucristo no sólo acude al matrimonio cuando los esposos hablan de Él o rezan juntos, sino también cuando conversan sobre todas las cuestiones de su vida en común, incluso cuando riñen. [...]

Tomar en serio el hecho de que Dios está presente en la unión matrimonial significa que Jesucristo puede acudir a los cónyuges incluso cuando la mujer está preparando un café a su cansado marido. [...] Gracias a una sencilla manera de demostrar el amor, la mujer se convierte en santa, en cercana a Dios. De la misma forma el marido, al ver el cansancio de su esposa, saca la basura; el hecho de realizar esta prosaica obligación doméstica, pero que constituye una expresión de amor hacia su mujer, le santifica.

Jesucristo acude a los cónyuges también cuando se abrazan con cariño, cuando se besan, se acarician y mantienen relaciones sexuales. De esta manera sus cuerpos estimulados participan en el misterio de amor de Dios escondido en los cuerpos humanos. Mientras se obsequian con el placer, Dios está presente entre ellos con el poder otorgado por el sacramento del matrimonio que santifica su relación íntima.

" El matrimonio cristiano, como todos los sacramentos [...] es en sí mismo
un acto litúrgico de glorificación de Dios en Jesucristo y en la Iglesia.
Celebrándolo, los cónyuges cristianos profesan su gratitud a Dios por el bien
sublime, que se les da, de poder revivir en su existencia conyugal y familiar el
amor mismo de Dios por los hombre y del Señor Jesús por la Iglesia, su esposa"
(Familiaris consortio).

[...] Si las personas poseen la vocación de santificarse a través de su matrimonio, eso significa que, para lograr la santidad, es necesario "todo lo que permite expresar, fortalecer y profundizar la unión de los cónyuges. Lo será también la manera de compartir las tareas domésticas diarias, así como la manera de vivir la dimensión erótica del amor; también la pérdida de tiempo en común a la hora de tomar una taza de té en casa y al rezar juntos".

domingo, 16 de enero de 2011

Cuando pensabas que no te veía


Cuando pensabas que no te veía, te ví pegar mi primer dibujo al refrigerador, e inmediatamente quise pintar otro.

Cuando pensabas que no te veía, te vi arreglar y disponer de todo en nuestra casa para que fuese agradable vivir, pendiente de detalles, y entendí que las pequeñas cosas son las cosas especiales de la vida.

Cuando pensabas que no te veía, te escuché pedirle a Dios y supe que existía un Dios al que le podría yo hablar y en quien confiar.

Cuando pensabas que no te veía, te vi preocuparte por tus amigos sanos y enfermos y aprendí que todos debemos ayudarnos y cuidarnos unos a otros.

Cuando pensabas que no te veía, te vi dar tu tiempo y dinero para ayudar a personas que no tienen nada y aprendí que aquellos que tienen algo deben compartirlo con quienes no tienen.

Cuando pensabas que no te veía, te sentí darme un beso por la noche y me sentí amado y seguro.

Cuando pensabas que no te veía, te vi atender la casa y a todos los que vivimos en ella y aprendí a cuidar lo que se nos da.

Cuando pensabas que no te veía, vi como cumplías con tus responsabilidades aún cuando no te sentías bien, y aprendí que debo ser responsable cuando crezca.

Cuando pensabas que no te veía, ví lágrimas en tus ojos y aprendí que algunas veces las cosas duelen, y que está bien llorar.

Cuando pensabas que no te veía, ví que te importaba y quise ser todo lo que puedo llegar a ser.

Cuando pensabas que no te veía, aprendí casi todas las lecciones de la vida que necesito saber para ser una persona buena y productiva cuando crezca.

Cuando pensabas que no te veía, te ví y quise decir: ¡Gracias por todas las cosas que ví, cuando pensabas que no te veía!


"NO TE PREOCUPES PORQUE TUS HIJOS NO TE ESCUCHAN...TE OBSERVAN TODO EL DIA".

Madre Teresa de Calcuta

miércoles, 12 de enero de 2011

Los novísimos


Dice Benedicto XVI en el libro Luz del Mundo (y no le falta nada de razón) preguntado sobre "el silencio que reina en el anuncio sobre los temas escatológicos que son de índole existencial e incumben a todo el mundo" que:


" Ésa es una cuestión muy seria. Nuestra predicación, nuestro
anuncio está orientado realmente de forma unilateral hacia la plasmación de un mundo mejor, mientras que el mundo realmente mejor casi no se menciona ya
. Aquí tenemos que hacer un examen de conciencia. Por supuesto, se
intenta salir al encuentro de los oyentes, decirles aquello que se halla dentro
de su horizonte. Pero nuestra tarea es al mismo tiempo abrir ese horizonte,
ampliarlo y mirar hacia lo último."
Por eso aunque se publicara hace más de 15 años, no está de menos -dada la escasez quizás para encontrar sobre el tema que nos ocupa- recordar el documento de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española titulado: Esperamos la Resurreción y la Vida Eterna del 26 de Noviembre de 1995.
Como siempre, citamos literalmente. En este caso los puntos 12 y 13 titulados: En el cielo "estaremos siempre con el Señor" (1 Tes 4, 17). La negrita -como es habitual- reseña los puntos más incisivos.
12. La vida humana tiene, pues, un hacia dónde, un destino que no se identifica
con la oscuridad de la muerte. Hay una patria futura para todos
nosotros, la casa del Padre, a la que llamamos cielo.
La inmensidad de
los cielos estrellados que observamos "allá arriba", desde la tierra, puede
sugerir, a modo de imagen, la inmensa felicidad que supone para el ser humano su
encuentro definitivo y pleno con Dios. Este encuentro es el cielo del que nos
habla la Sagrada Escritura con parábolas y símbolos como los de la fiesta de las
bodas, la luz y la vida.

"Lo que ojo no vio, ni oido oyó, ni mente humana concibió" es "lo que Dios preparó para los que le aman" (1 Cor 2, 9). No podemos, por eso, pretender una descripción del cielo. Pero nos basta con saber que es el estado de completa comunión con el Amor mismo, el Dios trino y creador, con todos los miembros del cuerpo de Cristo, nuestros hermanos (singularmente con nuestros seres queridos), y con toda la creación glorificada. De esa comunión goza
plenamente ya quien muere en amistad con Dios
, aunque a la espera
misteriosa del "último día" (Jn 6, 40), cuando el Señor "venga con gloria" y,
junto con la resurrección de la carne, acontezca la transformación gloriosa de
toda la creación en el Reino de Dios consumado (cf. Rom 8, 19-23; 1 Cor 15, 23;
Tit 2,13; LG 48-51).

13. Conviene no olvidar que la vida nueva y eterna no es, en rigor, simplemente otra vida; es también esta vida en el mundo. Quien se abre por la fe y el amor a la vida del Espíritu de Cristo, está compartiendo ya ahora, aunque de forma todavía imperfecta, la vida del Resucitado: "Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo" (Jn 17, 3). El Papa Juan Pablo II, al proponer en su carta encíclica Evangelium vitae la integridad del gozoso mensaje de la fe sobre la vida humana, recuerda que ésta encuentra su "pleno significado" en "aquella vida `nueva' y `eterna', que consiste en la comunión
con el Padre" (EV 1). "La vida que Dios da al hombre es mucho más que un existir
en el tiempo" (EV 34). "La vida que Jesús promete y da" es eterna "porque es
participación plena de la vida del Eterno" (EV 37). Al mismo tiempo, el Papa no
deja de señalar que la vida eterna, siendo "la vida misma de Dios y a la
vez la vida de los hijos de Dios"
(EV 38), "no se refiere sólo
a una perspectiva supratemporal", pues el ser humano "ya desde ahora se abre a la vida eterna por la participación en la vida divina"
(EV 37). Todo esto tiene inevitables consecuencias para la relación entre escatología y ética,
entre vida en plenitud y vida en el bien, relación sobre la que hablaremos más
adelante.